Probando el iPad

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Esta semana me ha llegado el iPad que había reservado; incluso ha sido un día antes de lo previsto.

El transportista me llamó el jueves por la mañana y me dijo que había habido un problema con el camión, que los dos paquetes (funda y aparato) llegaban por separado y que primero venía “el pequeño”. Ya me había resignado a tener una funda de iPad sin iPad, pero la sorpresa vino cuando lo que trajo era realmente el aparato. En concreto tengo la versión Wifi de 16 GB; no quiero gastar mucho dinero en una primera versión del producto que en uno o dos años quede obsoleta.

Por desgracia (o por suerte, según se mire) he estado la segunda mitad de la semana de baja en casa, así que he podido dedicarle bastante tiempo y probarlo. De acuerdo, es una baja sospechosa, pero no le deseo a nadie lo mal que lo pasé el lunes y el martes.

El iPad y más grande y pesa más de lo que parece (aun siendo poco), pero también es ágil y rápido. Tanto que ahora el iPhone parece lentísimo y de juguete. La pantalla es de 1024×768 y orientable de cualquier forma. A diferencia del iPhone el giro se detecta enseguida y la pantalla se reorienta en un momento.

Navegar por Internet a esa resolución es un lujo y todas las páginas se ven bien y a una velocidad bastante alta. En particular me ha gustado el comportamiento de WiCast, que en el iPhone tarda una eternidad, y que en el iPad es comparable a un ordenador normal.

La conexión Wifi me ha dado algunos problemas al principio, pero se han solucionado desactivándola y reactivándola de nuevo. Últimamente no ha fallado, lo que hace pensar en un fallo del sistema operativo más que en un problema físico.

De momento he utilizado el iPad para ver capítulos de series, ver cómics digitalizados y libros digitales, ver fotos, consultar el correo, navegar por Internet y entretener a Inés. Para los cómics y libros hay una aplicación para cada formato, y ocurre como siempre: se verán tan bien como cuidado esté el acabado. En esto creo que pinchan los libros que se pueden adquirir con la aplicación iBooks, ya que el conversor a ePub del proyecto Gutenberg no acaba de funcionar bien. Las aplicaciones de iPhone se pueden ejecutar, pero quedan algo ridículas a taña o original, y demasiado pixeladas a tamaño doble. Lo mejor es utilizar aplicaciones nativas en lo posible.

Silvia se ha saltado la siesta del sábado para leer cómics con el iPad, e Inés ha pasado bastante rato jugando y viendo vídeos. Creo que están contentas y se avecinan discusiones sobre turnos de uso…

En cuanto a los accesorios, sólo he encargado una funda, y no sé si me he equivocado. Me encanta el tacto del aparato, con lo que la encuentro innecesaria, pero ayuda a mantener el iPad en una posición algo más ergonómica que sin ella, con lo que también la veo recomendable (es fácil tener dolor de cuello tras usarlo). No veo clara la utilidad de los soportes, a menos que se dedique el iPad como marco digital de fotos. Si hiciera muchas presentaciones creo que compraría el adaptador a VGA para usar el iPad como soporte en lugar de un portátil.

Para mí el iPad cubre un nicho importante, y ha tenido una buena acogida en casa. Sin embargo, creo que aún faltan trabajo y tiempo para que las aplicaciones extraigan todo el potencial al dispositivo.

Acerca de Pablo
Un matemático-informático con demasiadas inquietudes y poco tiempo.

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